Dejar ir




Simplemente dejar ir. Saber dejar ir. No puedo, es mío, es mi historia. Pero no poseo a nadie más que a mi pensamiento que tampoco consigo controlar porque se va.

Porque estoy hecha de momentos, porque me río como otros, porque tengo el gesto de mi padre, porque me enojo como lo hacen todos y si dejo ir se paraliza una parte de mi ser. Y lo hablo, lo vuelvo a hablar de tal manera, que le doy más fuerza a algo que tiene que seguir su recorrido, algo que me rozó en un intervalo del mío para dejar una huella y continuar.
Un vaivén de vibraciones, una brisa en mi camino.No vino para quedarse, sino para dejarse ir, para ser en mi lo que no era solo, pero luego… seguir.
Critico el momento en que se escurrió, y en su faz de tiempo transcurrió lento, pero ya de lejos no tiene ese color. Porque eso que es mío no es de nadie, porque ni mi vida es mía. Le doy cuerda a mi razón y me siento ajena a una situación que no está más.
Será que ya no puedo sostenerlo, será que me quedé inmóvil en el recuerdo, y que con la palabra logro congelar de lo que ya ni dueña soy. Y si hoy me dijeras quedate callada y observá, lo vería como un trueque en duelo, pues lo que me sobraba lo di y lo que ansiaba tome prestado. Ahora suelto de lo que me he amarrado que ya es tarde y hace frío. Me lo he empapado y a lo otro lo cedí, para aprender como es vivir sin lo que tengo apegado.
Ahora que soy un cofre, roto pero fuerte al fin, se que dejé ir, y que anhelé el deseo de controlarlo todo y no pude, me pudo a mí. Y si nombre de quien me escondo sigo escabullendo retazos que hacen daño, sólo basta con haberlo sentido y devolverlo. Ya avancé en mi tiempo, diferente a ti, ten lo que era nuestro, hoy sigo sin ti. Sólo he aprendido que simplemente… hay que dejar ir.

Comentarios