Mi búsqueda



Esta es mi búsqueda. Mi experiencia. Mis intrigas y conocimiento. Hoy llegué hasta acá, a esta abstracta pieza del rompecabezas, es que me moví a mi manera. Obedecí y desobedecí, en mi búsqueda.
Muchas veces quisiera compartir todo lo aprendido, las charlas urgentes que paralizaban la atmósfera, los aprendizajes premonitorios del futuro próximo, las cosas insospechables que descubrí transitando el poder de las palabras recíprocas.
Me desespero por hablar y contarlo todo, que cada persona que quiero, logré captar la situación narrada, el escalofrío, la trama y la sabiduría. Pero no es lo mismo.
Me muero por aconsejar lo aconsejado. Pero no es lo mismo.
Muchas veces paro y pienso, y me doy cuenta que cada persona tendrá la suya, su búsqueda. Porque habrá un punto en que se crucen coincidencias y consejos, habrá otros puntos que no, o si, pero no es el mismo tiempo, mismas miradas, ni receptores.
Entendí que el proceso es personal. Que no todos quieren un consejo siempre, o que lo quieren pero no podría ser igual aunque me mate por transmitirlo.
Una recomendación vivida es por historia vivida y aunque parezca que las situaciones son parecidas, y se repiten patrones, no es así, y a veces nos frustra o pensamos que es la única manera.  
Me comparé, me juzgué, quería resolver el detalle que descifraron los demás, o transmitir lo que yo encontré para mejorar la consecuencia de otras películas de vida.


Quizás estamos confundidos y pensamos que hay una solución estándar, un salida que debe ser compartida porque a algún otro ya le pasó, y a veces pedir tantas palabras nos satura, o a la inversa.
Ahí es donde empecé a quedarme tranquila, de repente pasó y ahora sé que se van a romper los moldes y esquemas. Aunque ansíes una solución, aunque todo esté difuso o te desesperes por el andar, vas a ver que no hay consejo, sino proceso. Impensado en tu cabeza, sin tantas teorías.
Vos y yo tenemos esa intriga a resolver, todos. A veces eso me avasalla y necesito urgente una comparación, para ver si hago lo correcto, ¿no te pasó? Buscar aprobación, sentir que esto está mal, que esto está bien, en vez de que la oración quede sólo en “esto está”.
Es esto y nada más, esto está pasando. Quizás no hacer nada, o hacer mil cosas pero que no tengan nada que ver. Saltar, bailar, correr, crear, escribir. Para que dance el cuerpo intentando, para que toda preocupación que acecha pueda latir pero después hacerse arte.


Por eso aprendí a callar, a menos que me pidan narrar experiencias, incorporé que la opinión es peligrosa si no fue pedida, porque puede influenciar en aquel que está confundido.
Mirar  a la cara para descifrar que necesita ese que tengo al frente. Seguro no quiere que le preguntes como está, capaz si, pero que no le des indicaciones, tal vez quiere ir a su tiempo, háblale mejor de algo lindo que no tenga que ver con lo que le pasa, ofrecer un consejo aunque sólo lo escuche sin probar lo mismo, no hacer nada y abrazar.
Al final de cuentas, ninguna de las especulaciones tiene lógica, sólo queremos que nos escuchen y ya. ¡Pero desespera! Y este es mi aprendizaje. Se resuelve con lo impensado. Planeamos de una manera, se da solo, como va la vida, como va el viento, como se juntan los puntos.

Nadie tiene una personalidad ni un mundo, ni una historia espejo a la nuestra, ni estoy en tus ojos y cráneo. Hay que dejarse aprender, hay que aceptar que aunque lo más difícil es conocerse, conocer a la persona interior que llevamos, convivir con ella, la que el afuera no tiene acceso, es lo que va a hacer tomar decisiones o dejarlas actuar.
Busqué miles de explicaciones, pero buscaba con la mente, no con la razón del cuerpo.
Meditar, calmarse, amigarse con el enojo y ansiedad, permitir contactar con la voz que no habla, dejarse llevar.


Es cuestión de hacerse cargo de las decisiones de cada uno, lo que elegís va a estar bien, y si está mal, o fue erróneo, te aseguro que en algún momento vas a saber que estabas equivocado. Hacés un clic un día que parece común.

No estamos preparados para saber que muchas cuestiones se curan viviéndolas, sin ninguna de las especulaciones que tratabas de resolver. La vida te gana la apuesta, se te adelantó y lo concretó antes de lo pensado. Pero para esto, para que haya apuestas… se necesita jugar. Y equivocarse.

A mis maestros del ruedo, al llanto, al amor, a mis caídas, a las charlas curadoras, a mis experiencias y clics reveladores… les aviso que trato de expresarlos siempre, con todos los detalles posibles, con el tono de voz emotivo o la cara de felicidad, como cuentos, como moralejas, para expresar lo que a mí me dejaron.

Lo raro es que no me había dado cuenta que así como yo los tuve, vos también y cada persona.



Entonces no hace falta contarlo tanto, porque ya lo estamos haciendo sin hablar. Porque eso que me desespera por transmitir lo tengo ahora en mi personalidad. Y ese… ese era el secreto.  

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